
2012 pondrá a prueba nuestra lealtad a Dios y a su Palabra. El número 12 en la Biblia se relaciona con “gobierno” o “elección”. Posiblemente enfrentemos situaciones donde vamos a decidir bajo que consejo y gobierno queremos vivir. La Palabra Pastoral para este año es el Salmo.51. Aunque habrá tiempo para analizar el salmo completo y abordarlo desde diferentes aspectos, quisiera centrar mi meditación en la primera parte del Salmo.51.10 donde David dice: “Crea en mí oh Dios un corazón limpio...”
El clamor de David es apropiado para nuestro tiempo. Ya que vamos a necesitar un corazón limpio tanto si la crisis se agrava como si mejora. En el caso de empeorar deberíamos estar prevenidos contra el descontento, la queja, la falta de fe, o la autocompasión. En caso contrario, si las cosas mejoran, nuestro corazón deberá mantenerse humilde, alerta, y libre de los excesos cometidos en épocas de bonanza económica.
Todos necesitamos un corazón limpio, y ser guiados en rectitud por el Espíritu Santo. Nuestra oración se une a la del rey David para que Dios cree ese nuevo corazón y renueve un Espíritu firme dentro de nosotros. Analicemos el texto paso a paso.
I.- Crea (bara). Tres verbos en hebreo se traducen al español “crear”. Son qanah (conseguir, adquirir, ganar); asah (crear, hacer, fabricar) y bara (crear, hacer). El Salmo.51.10 usa “bara”. Este verbo tiene un sentido teológico profundo, puesto que indica crear algo de la nada Génesis.1.1. El único capaz de crear de la nada, sin usar utilizar ningún tipo de materia es Dios. David no está pidiendo que Dios haga una reforma en su interior, pide que ponga un corazón nuevo. El texto comienza sentando la base que: “El Señor es el único capaz de hacer algo nuevo en nuestro interior.”
Necesitamos que Dios cree algo nuevo y genuino en nosotros. Que nos libre de los errores que no son ocultos Salmo.19.2; y de formas de pensar arraigadas que nos perjudican Filipenses.4.8. Necesitamos dirección para entender el camino por donde debemos andar Proverbios.29.18. Y una manera nueva de orar y adorar a Dios Juan.4.23
Debemos orar: Señor tú que creaste el universo por tu Palabra de la nada; y que sigues siendo Creador, te pedimos que hagas algo nuevo en nuestro interior, haz algo nuevo en nuestra iglesia, en nuestro país; en el mundo. Haz algo nuevo para afrontar los días que nos ha tocado vivir. Solo tú puedes crear algo nuevo en nosotros. Amén
Necesitamos que Dios cree.
Nuevos sentimientos de respeto, generosidad, y aceptación. Sentimientos libres de ataduras de rencor, ira, soberbia.
Nuevos pensamientos de fe, victoria, y esperanza. Una mentalidad nueva influida por la Palabra de Dios, y desintoxicada de las opiniones del mundo que nos rodea. Si Dios es por nosotros, quien contra nosotros.
Nueva conducta que manifieste la vida de Jesús en nosotros. Que ante las dificultades se ponga de manifiesto que somos hijos de Dios
David: Había mostrado una integridad y humildad excelentes. Sin embargo, en un momento de ociosidad, surgió en él un deseo impuro, que provocó una conducta inmoral, y los pensamientos para un asesinato. Por eso pide a Dios que cree algo nuevo. Se da cuenta que no se puede fiar de su propio corazón Jeremías.17.9.
Necesitamos un cambio en nuestro interior.
Existe una notable diferencia entre estar convencido y estar convertido. Una persona puede aceptar intelectualmente la fe cristiana y estar de acuerdo con el modelo de vida que presenta. Sin embargo, para poder ver, entender y entrar al reino de Dios (el señorío de Cristo), es imprescindible nacer de nuevo Juan.3.
Hay que volver a predicar sobre el nuevo nacimiento. Muchos Nicodemos dentro y fuera de la iglesia necesitan nacer del Espíritu. Llama la atención que Jesús hablara del nuevo nacimiento precisamente alguien religioso que le reconocía como Maestro. Este relato se convierte en una metáfora donde el creyente (aún evangélico), puede necesitar experimentar el nuevo nacimiento.
De la misma manera que no podemos pedir “peras al olmo” tampoco podemos pretender implantar por la Palabra de Dios los principios del reino en corazones no renacidos.
Romanos.7 y Gálatas.5.17 Pablo explica el enfrentamiento que experimentan las dos naturalezas que conviven en el creyente. “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis”. Cuanto más difícil, diría imposible, es someterse al gobierno de Dios si en nuestro interior no está su naturaleza divina. Es necesario nacer de nuevo.
II.- En mí.
“Crea en mí…” es decir, transfórmame a mí. El acento está puesto sobre la persona, el individuo. Hay que asumir nuestra responsabilidad, ya que por lo general, queremos que sean otros los que cambien, cuando somos nosotros los que debemos cambiar. Debemos afinar nuestros pensamientos, sentimientos y voluntad ante cualquier situación que enfrentemos -por inesperada que sea- para que nada pueda afectar nuestra manera de ser y vivir.
Jesús dijo en Mateo.7.12: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.”
Esta clásica "regla de oro" ya se conocía entre los judíos y otros pueblos de la antigüedad, incluso como resumen de la Ley. Era citada de manera proverbial sobre todo en su forma negativa, es decir, "no hagáis con otros lo que no queréis que ellos hagan con vosotros". Jesús la proclama en forma positiva, como principio de acción.
Textos como Efesios.4.22-32 ponen la responsabilidad de vivir por el Espíritu en nosotros, nos insta a despojarnos del viejo hombre viciado a malos comportamientos, sentimientos, y actitudes.
Podemos culpar al gobierno, a la crisis financiera, a las personas con las que nos relacionamos, a la iglesia, o al mundo, pero si queremos avanzar, necesitamos asumir nuestra responsabilidad, y cambiar nosotros.
El discurso de despedida de Josué fue una declaración de intenciones llena de responsabilidad: “Yo y mi casa serviremos a Jehová”
III.- Un corazón limpio...
Del corazón mana la vida. Aunque en ocasiones tiene que ver con el órgano que todos tenemos y que bombea la sangre por arterias y venas de nuestro cuerpo. Por lo general, corazón en las Escrituras, es sinónimo de pensamientos, sentimientos, actitudes, o decisiones.
Si buscamos un verdadero avivamiento, necesitamos reencauzar la manera en que sentimos, hablamos, y nos relacionamos. Santificando hasta las intenciones o motivaciones que tenemos al hablar y actuar.
El «corazón» simboliza el fuero interno del ser humano, su propia persona. Como tal, es la fuente de todo lo que hace Proverbios.4.4. Todos sus pensamientos, deseos, palabras y acciones fluyen desde lo más profundo de su ser
Ilustración: El clamor de David es que Dios creara en él un corazón limpio, y que un espíritu recto lo guiara, ya que por su propia experiencia sabía lo importante que es no confiar en su propio corazón. David, un hombre que pudo soportar la terrible presión a manos de Saúl, sin tomarse la justicia por su mano, que cuando era acusado injustamente se mantenía con una actitud ejemplar, reconoce que frente a una situación imprevista su corazón estaba inclinado hacer lo malo Salmo.51.5
Esta oración tuvo respuesta. Los profetas Isaías y Jeremías profetizaron acerca del día en que un nuevo corazón y un nuevo espíritu podría estar dentro de aquellos que aman a Dios. Parece que los mandamientos Ezequiel.18.31 del Antiguo Testamento se convertirían en promesas, gracias a la obra de Jesucristo Ezequiel.36.26; Jeremías.24.7; 31.33; 32.39-40.
Dios crea un nuevo corazón en nosotros por el nuevo nacimiento. Este es el primer paso. Si no nacemos de nuevo, ni podemos ver, ni entender, ni entrar en el reino de Dios. El reino de Dios se hace presente donde el gobierna. Cerciorarnos de sí hemos o no nacido de nuevo es el primer paso.
¿Qué implica la verdadera conversión?
Un cambio en nuestra manera de pensar, sentir y actuar. Un verdadero arrepentimiento, reconociendo que somos pecadores necesitados de perdón. Una fe verdadera no circunstancial depositada sobre la Persona y Obra de Jesucristo. Nutrida de la Palabra de Dios.
Mi convicción es que tenemos que estar preparados para que cualquier situación que podamos vivir no nos sorprenda. Pedir a Dios que cree un corazón limpio dentro de nosotros es vital en los tiempos que corren. Hay cambios que se producen a una velocidad vertiginosa. Estos cambios afectan lo personal, lo familiar, lo laboral, y hasta lo espiritual. Esperar que cambien las circunstancias para cambiar nosotros es una decisión peligrosa. Es tiempo de cambiar nosotros. Debemos movernos por convicciones y no tanto por emociones.
Pastor Félix G
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