El “Partido del siglo”.
Hay, por lo menos, dos al año. Real Madrid vs Barcelona, o Barcelona vs Real Madrid.
Desde varias semanas antes se van caldeando los ánimos, las cadenas de televisión le dedican programas especiales, en los que intentan saber cual de los dos equipos está más en forma, cual está jugando mejor, cual tiene los mejores jugadores, cual es el mejor entrenador. Se abren debates, donde, línea a línea se compara a tal con cual, se apuesta sobre el resultado, se vaticina quien saldrá reforzado y quien verá su puesto en grave riesgo.
El día del encuentro, las ciudades se paralizan, los bares se llenan grupos de aficionados, con sus banderas y sus bufandas; las calles se quedan momentáneamente vacías, los televisores se conviertes en auténticos imanes que congregan ante ellos a cientos, miles, millones de hipnotizados aficionados que procuran no perderse nada. Tras el partido: discusiones, bromas, burlas, tertulias, análisis, moviolas, sentencias y juicios que pueden extenderse por semanas, si no hay ninguna noticia que sea mas importante.
Todo un país, sin importar la posición social, ni la cultura, ni la situación económica; sin importar credo, ni partido político, sin que importe el sexo, o las región de origen, todos pendientes de dos equipos de futbol intentando ganar un partido de futbol que dura solamente 90 minutos.
Y pasará. Pronto algún equipo llegará a una final europea, o a disputar algún campeonato internacional; o llegara el mundial, y la selección española disputará los fatídicos cuartos de final contra Brasil, o Argentina; y de nuevo será un “partido del siglo”; y todo comenzará de nuevo… Y sin embargo, cualquiera de nosotros puede jugar su “partido del siglo” en cualquier momento
El Presidente de Polonia no espera haber jugado ya su ultimo “partido del siglo” cuando tomo el avión presidencial por última vez; ni tampoco ninguno de las casi cien personas que lo acompañaban en ese fatídico vuelo. El joven que cruzó una calle, bebido, después de una noche de juerga, y no vio el taxi que se le vino encima, tampoco esperaba estar jugando su “partido del siglo”. La mujer a la que se le paró el corazón por una fallo congénito no detectado, mientras hacia una compra de urgencia en una tienda de veinticuatro horas, no tenía ni idea de estar en pleno “partido del siglo”.
Cualquiera de nosotros podemos estar, en este mismo momento, jugando nuestro último “partido del siglo” en nuestra vida; podemos estar a unos minutos, quizás unos segundos, de encontrarnos con nuestro creador; ante Dios, para rendir cuentas de cómo jugamos nuestros partidos, nuestra vida.
Y casi nunca somos conscientes de ello. Dedicamos tiempo a tonterías, como un Madrid-Barça, a un “partido del siglo”, que al final se repetirá, si vivimos el suficiente tiempo, cientos de veces en este mismo siglo; dedicamos el tiempo a preocuparnos de cosas como: estar a la moda en el vestir, tener un coche potente, conseguir subir en nuestro trabajo a cualquier precio, “disfrutar” la vida, muchas veces echándola a perder, a discutir de filosofías de vida, de cual el la religión mejor o cien mil cosas por el estilo, sin darnos, muchas veces cuenta de que: “esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” Lucas 12:20.
Y no se trata de que el futbol sea malo, ni la moda, ni el coche potente; si no de las cosas a las que a veces le damos un lugar, un valor, que el día que nos encontremos con Dios, de nada van a valer. Y no vale la pena pensar en posponerlo; pensar que tenemos tiempo para darle importancia a esas cosas, y mañana corregir, o cambiar; por que la realidad es que “de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”.
¿Estarías listo, si hoy jugaras tu auténtico “partido del Siglo”?.
¿Estarías listo para encontrarte con tu creador?.
Asegurarse de estar listo para ese partido, es ser sabio. Sabio de verdad.
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