
En este tiempo, los descubrimientos que nos ha brindado esta sonda fisgona, han sido la delicia de los científicos dedicados al estudio del espacio. Uno de los datos que esto señores con gafas de pasta, batas blancas, y cerebros sobredimensionados es realmente impactante: han calculado los susodichos señores listos que en nuestra Galaxia podría haber, como mínimo, quinientos millones, ¡¡500.000.000!! de planetas habitables; o sea, que alrededor de las aproximadamente 300.000.000.000 estrellas que hay en la Vía Láctea, con una cifra de planetas de diferentes tipos inmensa; hay esa cifra, 500.000.000 planetas similares a la tierra en lo que a tamaño y distancia de la estrella se refiere. Bueno, realmente la Sonda Keppler ha descubierto sólo 54 planetas con estas condiciones, pero teniendo en cuenta las estrellas estudiadas y el porcentaje de planetas ya encontrados les sale esa descomunal cifra.
Es curioso.
Casi desde sus inicios el hombre ha mirado a las estrellas con una curiosidad casi tan extensa como el propio universo que indagaba. Todas las civilizaciones a lo largo de la historia han dirigido sus miradas y su curiosidad hacia el firmamento; y la Biblia recoge en diversas formas ese contacto con un universo que se extiende más allá del alcance del hombre; así Dios usa esa gran cantidad de estrellas para hablar a Abram de la promesa de una descendencia extensa; Elifaz, uno de los “amigos” de Job, hace referencia a esas estrellas cuando dice: Mira lo encumbrado de las estrellas, cuán elevadas están. Estas son solo algunas de las múltiples referencias de la Biblia a ese universo estelar que siempre observó el hombre desde su creación por Dios.
Las estrellas.
Forman parte de los sueños de casi todos los hombres de una u otra manera. Por lo menos forman parte de mis sueños. Recuerdo, desde muy niño, sonar con un viaje imposible, sin retorno, en solitario, a través de las estrellas; visitando estrella tras estrella, planeta tras planeta… … sueño en el que envejecía rodeado de estrellas.
Hay, también, muchos programas de radio, televisión, documentales, películas, que reflejan el interés que siempre ha desarrollado la humanidad por las estrellas, por el universo, por el más allá de este planeta que nos recoge, y en parte nos constriñe.
Muchas veces tengo la sensación de que, tanto mirar a las estrellas, no es otra cosa que una forma de escape de nuestra realidad, de aquello que nos rodea de forma mas cercana y a lo que no queremos enfrentarnos; en cierta forma, de nuestra finitud, huyendo hacia la aparente infinitud del universo. ¿Habiendo tanto fuera, porque perder el tiempo mirando hacia dentro?; ¿con tanto que descubrir, porque descubrir lo que se guarda en el propio interior del hombre?.
Hace poco, en un programa de radio, alguien decía, hablando de esos posible 500.000.000 planetas habitables: “quizás en uno de esos planetas se encuentre el origen de la vida; el “dios” que trajo, posiblemente en la cola de un cometa, la vida la tierra. Cada vez estamos más cerca de desterrar definitivamente lo viejos mitos de la religión, de olvidarnos de Dios, del cielo y del infierno, para encontrar nuestro origen y nuestro destino en las estrellas”.
La Palabra, en los Salmos, concretamente en el Salmo 139:7-8 dice ¿A dónde me iré de tu Espíritu?, ¿Y a dónde huiré de tu presencia?. Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
Inútil es el afán del hombre por mirar a las estrellas si con ello pretende huir de la presencia de Dios; puede haber esos quinientos millones o una cifra mucho mayor; puede el hombre lograr volar entre las estrellas y visitar cada uno de esos planetas desperdigados a lo largo del universo; y con todo, allá donde vaya seguirá necesitando a Dios; seguirá encontrándose con el pecado que nos asedia, será seguido por la culpa, el dolor, la muerte. Y solo hay una solución. Y no se encuentra esa solución en las estrellas; está mucho más cerca.
Entre las estrellas, en esos lejanos planetas; nos encontraremos con Dios; nos seguirá su amor y su misericordia; nos alcanzará su perdón por medio de Jesús.
¿Para qué ir tan lejos?. Mejor encontrárnoslo aquí; y luego, si queremos, viajar al confín de las estrellas en su compañía.
| < Prev | Próximo > |
|---|




