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Terremoto en Japón

Martes, 15 de Marzo de 2011 20:28 Última actualización el Lunes, 21 de Marzo de 2011 12:22 Escrito por Miguel Vilas


Un placa resbala lentamente bajo la otra, hundiéndose hacia el interior de la tierra. Lenta, silenciosa; acumulando tensión de forma callada, sin hacerse notar; tal vez un ligero temblor muy de vez en cuando.

En la superficie, nadie sabe nadas, nadie piensa en ese ligero desplazamiento, en el hundimiento, en la tensión que se acumula de forma constante. La vida sigue, con sus cosa, idas y venidas, alegrías y tristeza. La vida.

De pronto, toda la tensión acumulada se suelta en un terrible temblor; un estremecimiento que toda la tierra siente. 8,9 grados. Uno de los terremotos más fuertes de la historia de Japón.

Pero no importa; a pesar de los larguísimos segundos, que parecen extenderse mucho mas allá de su duración real, quizás las cosas no sean para tanto. El país está listo para este tipo de cosas…

Desde las profundidades del océano, impulsada por el temblor subterráneo, una columna de agua se empieza a mover hacia la costa del país; cuando llega a ella, lo hace como un tremendo muro de agua de más de 10 metros de altura que penetra en el interior del país hasta mas de cinco kilómetros, arrasándolo todo a su paso. Destrucción, muerte, fuego, agua, tierra, desesperación, miedo, dolor… todo junto golpeando el aún tambaleante país.

Parece que tras el brutal golpe, las aguas se retiran.

Las estaciones eléctricas estallan, el fuego alcanza gasolineras, depósitos de gas… centrales termoeléctricas saltan por los aires, dejando a oscuras a los ya asustados habitantes del país del sol naciente.

Una Central atómica esta en llamas, pero parece que podrá controlarse el incendio; hasta que uno de los reactores comienza a sobrecalentarse… luego el otro…Una explosión ha dañado el recubrimiento de uno de los reactores; parece que ni el bombeo de miles de litros de agua de mar podrá hacer descender la temperatura lo suficientemente rápido. En un radio de treinta kilómetros se aconseja no salir de casa; en un radio de 20 kilómetros se evacua a la población, en un radio de solo 10 kilómetros no queda absolutamente nadie mas que 50 hombres valientes luchando por que la cosa no vaya a mas en ninguno de los seis reactores todavía en peligro…

Todo empezó con un lento movimiento de placas en lo oculto de las profundidades de la tierra; donde nadie lo veía…

Así es el pecado oculto en nuestras vidas; así son esas cosas que nadie puede ver, que ocurren en el más profundo de los secretos.

Un día, cuando no lo esperemos se desatará una serie de acontecimientos que amenazarán con destruir todo lo que amamos, todo lo que queremos.

El pecado no desaparece, aunque no se vea; simplemente va acumulando tensión, fuerza; va debilitando nuestra fortaleza espiritual; y cuando nos queremos dar cuenta, el desastre mas absoluto se desata en nuestra vida.

Marcos 4:22 Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz. Nos habla de una ley espiritual que no debemos olvidar; una ley que para lo bueno; como para lo muy malo; no tarda en cumplirse.

Y solo hay una forma de evitarlo.

Una costumbre que nos salvará del terremoto, del Tsunami y de la catástrofe nuclear.

El arrepentimiento continúo. La buena costumbre de ponernos a cuentas con dios cada día; la disciplina de pedir cada día que su Espíritu santo nos descubra aún aquellas cosas en las que pecamos sin apercibirnos. Y el pedir perdón. Acudir a la preciosa cruz de Cristo para descargarnos allí del pecado que nos asedia.

Liberar la tensión a través de un genuino arrepentimiento que nos limpia de todo pecado, oculto o visible.

¡Ojala pudiese hacerse igual con la tensión terrestre que genera los terremotos!

Pero puedes hacerlo hoy con nuestro pecado oculto. Saquémoslo a la luz de la Cruz de Cristo, y se volverá inofensivo.

 

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