• Inicio
  • Nosotros
    • Información
    • Oración
    • Espigas
    • Niños
    • Jóvenes
    • Compromiso Social
    • Noticias
  • Predicaciones
    • Video
    • Audio
      • 2008
      • 2009
      • 2010
      • 2011
      • 2012
      • Oración
  • Documentos
    • ABC
    • Estudios Bíblicos
    • Predicaciones PDF
    • Eventos Especiales
    • Zona Reservada
  • Blogs
    • Blog Daniel
    • Blog Miguel
    • Blog Invitados
  • Multimedia
    • Fotos
      • 2009
      • 2010
      • 2011
    • Videos
    • E-Sword
    • Canal en Vimeo
    • Libro Recomendado

Un día de Marzo

Miércoles, 02 de Marzo de 2011 00:14 Última actualización el Lunes, 21 de Marzo de 2011 12:21 Escrito por Miguel Vilas


No puedo asegurar la fecha; sólo estoy seguro que era uno de los primeros días de Marzo de un año que pasó a la historia por el aciago 23 de Febrero, un coronel de la guardia civil gritando, pistola en mano, todos al suelo; y un miedo que se metió en el tuétano de los huesos a millones de españoles.

El caso es que ese día de Marzo la cosa se había tranquilizado mucho; los golpistas estaban ya en los calabozos de diversos cuarteles, esperando un juicio que castigase sus acciones anticonstitucionales; y todas las cosas discurrían ya por sus cauces habituales.

 

¿Todas?

Bueno, casi todas. Ese día (era estudiante de bachillerato) en mi horario de clases , después del tiempo libre de las 11:00, tenia clase de matemáticas; y después de casi una semana desaparecido, el “prosimio” estaría detrás de la mesa del profesor.

El “prosimio” era mi profesor de matemáticas; y, la verdad, no recuerdo su autentico nombre. Le llamábamos el “prosimio” por la garbosa figura que lucía: pecho hundido, hombros hacia delante, ligera chepa, y caminar con pasos largos y los brazos siempre inertes a lo largo del cuerpo; si creyera en la evolución él sería la prueba de que es posible descender del mono. Era, además un comunista combatiente; de los admiradores de Mao, palestino siempre al cuello, puño en alto e internacional. Militaba en una facción maoísta del P.C. (Partido Comunista, no computadora personal). Había desaparecido el mismo 23 F, nada más saber del golpe de Tejero, había cogido su pequeño utilitario (creo recordar que era un proletario 2 caballos) y se había escapado a las posesiones familiares en la montaña lucense; allí paso escondido toda una semana, hasta que recibió noticias de sus correligionarios informándole de que todo estaba en calma y podía regresar de la “clandestinidad”.

Volvió, pero lo hizo muy cambiado; parecía más hundido y encorvado que de costumbre, hasta le habían salido algunas canas (y era un chaval joven que apenas tendría treinta años) y arrugas de preocupación. Su mirada, habitualmente distraída y aburrida, era ahora nerviosa y huidiza. Creo que nunca volvió a ser el mismo.

Recuerdo una anécdota en especial. Hacia unos días que estaba en el instituto, y aún parecía vigilar su espalda cuando paseaba por los pasillos; ya había tenido que soportar bromas más bien pesadas de los alumnos: notas sobre el pupitre con frases del tipo “vienen a por ti”; mensajes escritos con tiza en el encerado llamándole lindezas como “cobarde”, y las maliciosas risillas a su paso. Estaba tomándose un cortado a la hora del recreo, en la cafetería, yo estaba a su espalda, pidiendo un bocadillo de tortilla mientras el hablaba con el profesor de Filosofía, reconocido rojillo, como él mismo. Le estaba contando que tenía dificultades para conciliar el sueño, que creía que en cualquier momento podía producirse otro intento de golpe de estado. En resumen, no las tenía todas consigo. En un momento dado le dijo al de filosofía: “no podemos descuidarnos, tío, puede suceder en cualquier momento; tenemos que estar preparados”.

Puede parecer una tontería, pero en aquel momento, ya con el bocata de tortilla en mi poder, Dios usó aquella conversación de mi profesor para hablarme a mi.

¿Estaba yo listo?, podía suceder en cualquier momento, ¿estaba preparado?.

¿Y si Jesús venia en ese mismo momento a por su iglesia?, ¿Qué haría yo?, mejor dicho, ¿Qué pasaría conmigo?; ¿y si no venia Cristo, pero me llamaba a su presencia de igual modo, sin avisar, sin preparación, sin una pista de que hubiera llegado mi momento?.

No me enteré de casi nada durante todo ese día de clases, mi mente estaba en una profunda autoevaluación. Tenía 14 añitos, y llevaba toda la vida en la Iglesia; me sabia media Biblia de haberla escuchado en la escuela dominical, en la Escuela Bíblica de Vacaciones y en todas la predicaciones del mundo; y sin embargo fui dolorosamente consciente de que eso no era suficiente; de que era necesario vivir en un constante estado de vigilia espiritual, de vigilancia constante de nuestra condición y nuestra situación.

No se trata de vivir con miedo; podemos estar seguros de nuestra salvación, Pero debemos estar vigilantes y ser cuidadosos de esa gracia que hemos recibidos.

Estar siempre listos para el reencuentro. Sin miedo, pero no permitiéndonos, en ninguna manera, el descuido o la falta de preparación.

Cuando llegue nuestro momento, o el momento final, tener nuestro “dos caballo” listo para salir pitando, al encuentro de Jesús, a sus brazos.

Addthis
< Prev   Próximo >

Debes estar Registrado para poder comentar cualquier artículo.

JComments

Blog - Blog Miguel

Menu principal

  • Inicio
  • Nosotros
  • Predicaciones
  • Documentos
  • Blogs
    • Blog Daniel
    • Blog Miguel
    • Blog Invitados
  • Multimedia

Últimos Documentos

  • file icon Ejercitando el espíritu
  • file icon Carácter para cumplir con tu destino
  • file icon Cuestión de Espíritu
  • file icon El carácter de nuestro espíritu
  • file icon A la puerta (A.Ramírez)
  • file icon Edificando Muros
  • file icon Jesús el verdadero adorador

Descargas más Populares

  • file iconEl Valle de Acor/Semana Santificación (1815)
  • file iconConsejos sobre el ayuno/Semana de Santificación (969)
  • file iconDevolver mal por mal (714)
  • file iconCoces contra el aguijón/Ana (678)
  • file iconSíntesis del Antiguo Testamento (671)
  • file iconY Constituyeron Ancianos (Larry Schnedler) (671)
  • file iconLa mujer judía (617)