Esta es una pequeña reflexión de alguien que no entiende mucho de fútbol, pero que es capaz de diferenciar una competición deportiva de una escaramuza de guerra.
Desde el primer minuto en el que dio comienzo el partido Holanda - España, donde estaba en juego la copa del Mundo, los holandeses salieron a declararle la guerra al combinado Español.
Me pareció por un momento que el equipo holandés, tan calladito, tan prudente en sus comentarios y aparentemente tan educado, se confundió radicalmente de actitud llegado el momento. En lugar de competir por el trofeo y el predominio futbolístico jugando de manera limpia y estética al fútbol, decidieron que era mejor organizar una batalla campal, amedrentando y jugando sucio como si de fieras en una cacería se tratase.
Es posible que se atisbe cierto patriotismo en estas líneas, y estaría falseando si negara que me alegré y salté del sillón con el gol y el resultado final del partido. Aunque lo cierto es que la alegría fue mayor viendo el futbol que practicó la selección española.
Equivocarse en su actitud le costó el triunfo a un equipo que tal vez pudo haberse hecho con la copa del mundo, nunca lo sabremos…
Estando inmersa en esta reflexión futbolística, y siendo consciente de que en nuestro andar cristiano debemos tratar de dejar lugar al Espíritu Santo para que nos hable en cualquier circunstancia, vino a mi corazón esta otra reflexión:
La Biblia nos muestra desde Génesis hasta Apocalipsis, que los creyentes de todos los tiempos estamos llamados a formar filas en una guerra espiritual contra el pecado, (por supuesto hablo de nuestro propio pecado). Tenemos un enemigo común llamado Satanás y sus huestes de maldad.
Uno de los nombres que se le da a nuestro Dios es el de Señor de los ejércitos (Sgt 5:4). De ese nombre se desprende que Él está involucrado totalmente en esta guerra como Capitán.
La reflexión es esta: En estos difíciles, complicados y ambiguos tiempos que nos ha tocado vivir, confundirnos de actitud como lo hizo Holanda, nos puede costar, no un trofeo ni una posición, sino la VIDA ETERNA.
Nosotros soldados del Señor de los ejércitos, no vivamos la vida JUGANDO la partida, sino PELEANDO la buena batalla (1Ti 6:12; 2Ti 4:7).
Lo nuestro no es una partido deportivo, lo nuestro es una guerra.
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