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La Iglesia que viene I

Jueves, 24 de Febrero de 2011 19:31 Última actualización el Lunes, 21 de Marzo de 2011 12:25 Escrito por Daniel


Aún recuerdo con nostalgia mi primer dispositivo de entretenimiento electrónico. De disposición rectangular con una protuberancia en el medio y totalmente plástico de color gris con botones amarillos. Su nombre oficial era algo como "Block Game" pero mi madre la bautizó como "la maquinita" y así era como la conocíamos en casa.

La "maquinita" solo desarrollaba una aplicación que era una suerte de Tetris en un correcto blanco y negro con matices grises. Yo tenía 8 años y era mi primer contacto con el mundo de las nuevas tecnologías al igual que mi padre, aunque él ya surcaba la treintena.

Mi desconocimiento del mundo tecnológico era tal, que cuando percibí un grado de suciedad suficiente en la pantalla de "la maquinita" decidí pasarla por el grifo y frotarla bien con jabón de manos para que recuperara su esplendor pasado. No lo recuperó.

Con los años fueron llegando nuevas atracciones. Llegaron los móviles, las videoconsolas, los ordenadores, los ordenadores portátiles y un sinfín de aparatos más que han terminado por cambiarnos la manera de desarrollar nuestras vidas en sociedad.

La Tecnología nos pilló con el pie cambiado y hemos tenido que hacer un esfuerzo para seguirle el paso, para no quedarnos “obsoletos”. Comenzamos nuestra época de instituto mandado cartas a los estudiantes de intercambio irlandeses con su correspondiente sello de 15 pesetas y terminamos mandando sms a 15 cents de euro y jugando al “snake”.

Hoy la mayoría de los jóvenes disponen de un ordenador y/o un teléfono móvil 3G con conexión a internet provisto de facebook o similares.

Quizá es por eso que aparecen noticias un tanto desconcertantes como la que pude leer esta semana. La titulaban “Iglesia 2.0” y relataba un culto en Santiago de Chile donde todo el mundo estaba pendiente de su teléfono móvil o su tableta porque desde ahí seguían todo lo que tenía que ver con la liturgia. El artículo no tiene desperdicio y os recomiendo que le echéis un vistazo aquí.

¿Que había llevado a una congregación a promover un culto donde todo el mundo interactúa a través de un dispositivo móvil? Podemos imaginar al pastor de dicha iglesia en la disyuntiva de ceder ante la avalancha tecnológica o continuar con las predicaciones de manera tradicional aunque ello suponga que muchos de sus oyentes no presten la atención suficiente, ya que si algo ha cambiado en estos años es nuestra capacidad de atención.

La pregunta que me surgió con todos estos antecedentes es si realmente las nuevas tecnologías son una herramienta para nosotros o si hemos terminado por convertirnos en esclavos suyos. Veamos que os parece este ejemplo:

Determinada persona posee una cuenta de facebook, una de twitter, un correo electrónico y participa activamente en un foro cristiano. En su lugar de trabajo no dispone de conexión a internet con lo que aprovecha su tiempo de ocio para mantenerse al día en cada una de sus cuentas. Llega a casa y revisa su facebook donde tiene unos 360 amigos. Tiene 8 comentarios a sus últimas fotos y decide responder a cada uno de ellos, obviamente sus respuestas generan más comentarios a los que vuelve a responder durante un rato. Después echa un vistazo a su cuenta de twitter para participar en los asuntos más relevantes del día, revisa su correo y responde a quien considera oportuno. Por último entra en el foro cristiano y debate acerca de la autoría del evangelio según san Marcos. Han pasado 2 horas y se siente aliviado por haber completado satisfactoriamente todo lo relacionado con sus actividades sociales. Sin embargo cae en la cuenta de que ya han pasado 2 horas y que muy posiblemente sus comentarios de facebook ya hayan recibido respuesta, al igual que sus correos electrónicos o sus opiniones de twitter y el alivio ya no es tan grande.

Aunque pueda parecer extremo este es el caso de muchos usuarios que se han dejado llevar por esta ola tecnológica que en muy poco tiempo se ha establecido en nuestras vidas y en nuestras relaciones sociales. Por este motivo nuestra manera de recibir información ha cambiado radicalmente. Hoy en día prima la información usar y tirar, prima la información al minuto. Lo que ayer era noticia hoy ya ha sido olvidado porque es tal la cantidad de actualidad que nos espera que  es imposible asimilar la que recibimos con anterioridad.

La dinámica actual de recibir información y desecharla para recibir información más reciente está creando en todos nosotros el hábito de trivializar con facilidad las cosas. Pongamos por ejemplo el mundo de la música. Hace tan solo 10 años comprábamos un CD o un cassette y escuchábamos todas y cada una de sus canciones, lo escuchábamos una y otra vez hasta aprender no solo la letra si no también los solos de guitarra, las respiraciones fuera de tiempo o las arengas de los cantantes. No nos cansábamos de él y podía continuar en la radio de nuestro coche durante años. Actualmente consumimos tal cantidad de música que si el comienzo de una canción no es de nuestro total agrado decidimos pasar la canción para ver si la siguiente logra captar nuestra atención. No hay segundas oportunidades.

Y es aquí donde se genera un grave problema para nuestro desarrollo cristiano puesto que esta manera de relacionarnos con la información atenta directamente contra el concepto bíblico de “guardar” o “atesorar” su palabra. El propósito bíblico es que la Palabra de Dios more con abundancia en nuestros corazones. Esto requiere un esfuerzo a la hora de trasladar la información puramente intelectual a una asimilación interior mucho más profunda. La realidad de la Biblia es la de hombres que se aferraron a una Palabra de Dios hasta ver su cumplimiento porque la interiorizaron hasta el punto de planificar su vida en torno a ella.

Para ser conscientes del grado de afectación al que estamos sometidos solo tenemos que intentar traer a nuestra memoria el tema sobre el que giró la última predicación que escuchamos en nuestra iglesia. Seguramente muchos de nosotros tendremos que hacer un esfuerzo notable para intentar recomponer alguna idea concreta y finalmente tan solo logremos recordar vagamente el final de aquella anécdota que entre versículo y versículo consiguió captar nuestra atención.

La consecuencia de todo ello es que cada vez más ministerios dedican esfuerzo y tiempo en lograr captar la atención de los receptores frustrándose cuando no lo consiguen o tendiendo a limitar demasiado el contenido espiritual de sus mensajes que terminan diluidos entre anécdotas, ejemplos y giros interpretativos.

¿Qué nos está pasando? ¿Debe la Iglesia adaptarse a este nuevo panorama o puede continuar como lo ha hecho hasta ahora? ¿Qué futuro le espera a la predicación tal y como la conocemos?

Son preguntas que no tienen una respuesta definitiva pero de las que ya podemos obtener algunas conclusiones. Durante las próximas semanas ahondaremos en este problema que nos afecta a todos y que puede significar un cambio radical en la forma de relacionarnos con nuestras congregaciones y con el evangelio.

 

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