
Basado en el árticulo de Ana Sánchez Alarcón: "Protegiendonos de la Avaricia"
“Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.” Isaias 57
He escogido este versículo para abrir el artículo de hoy porque, a la hora de abordar cualquier tema relacionado con las finanzas o el dinero, debemos ser conscientes en todo momento que el Dios al que servimos es eterno, inmaterial y perfecto en sí mismo. No tiene necesidad alguna de que le ofrezcamos nada, y nada hay en este mundo que él ha creado que pueda ser digno de ofrecimiento. Dios únicamente está interesado en aquello relacionado directamente con nuestro corazón y nuestro Espíritu.
Sin embargo, partiendo de esta reflexión podemos llegar a preguntarnos por que el autor de la Vida nos ha dejado tantísimas ordenanzas relacionadas con los sacrificios, los diezmos y las ofrendas a lo largo de la Biblia. Arrojemos un poco de luz al respecto.




